El diseño público en América Latina está lejos de ser una práctica emergente. Hoy existe un ecosistema activo en ministerios, gobiernos locales, universidades y organizaciones de la sociedad civil. Pero hasta ahora este campo se ha conocido de forma fragmentada, a través de casos aislados y experiencias que rara vez dialogan entre sí.
El Mapa de Diseño Público en Latinoamérica es el primer ejercicio que busca observarlo en su conjunto. Nace de la colaboración entre UNIT, arraigada en el territorio y cercana a la comunidad de practicantes, y Public Design Collective (Northeastern University), con la distancia analítica necesaria para dar sentido a los datos a escala.
El campo ha alcanzado un grado importante de madurez y está dejando atrás los proyectos aislados para definir cómo documentar, evaluar e integrar sus prácticas a las instituciones en el largo plazo. Más que un punto de llegada, este reporte es una invitación: a que quienes practican el diseño público en América Latina se reconozcan como parte de un mismo campo, y a que sigamos construyendo, juntos, la infraestructura que ese campo necesita para sostenerse en el tiempo.
127
profesionales encuestados en español, portugués e inglés
311
proyectos documentados, 123 de ellos en detalle
20
países de América Latina representados
Este reporte está pensado para cuatro tipos de lectores:
- Personas que practican diseño público, dentro o junto al Estado, y quieren ver su trabajo en el contexto de la región.
- Directivos y autoridades públicas que buscan entender cómo se construyen y se sostienen estas capacidades en sus instituciones.
- Investigadores y universidades interesados en un campo que aún tiene pocos espacios de reflexión y evaluación compartida.
- Organismos de financiamiento, multilaterales y ONG que buscan evidencia regional sobre cómo opera y qué necesita el diseño público.
Los profesionales del diseño público vienen de disciplinas distintas y trabajan en organizaciones muy diferentes, pero comparten una forma de abordar los problemas públicos.
- Profesionales con experiencia acumulada. El 81% de los profesionales tiene ocho o más años de experiencia, y el 46% lleva más de ocho años trabajando específicamente en diseño e innovación pública. Es un saber que no está en los manuales: se construye navegando las complejidades propias de las instituciones.
- Fuerte arraigo territorial. El 91% vive y trabaja en su país de origen. Esa permanencia les da un conocimiento profundo de cómo funcionan las instituciones por dentro, y los mantiene vinculados al impacto de lo que diseñan.
- Muchas trayectorias, un mismo propósito. El 64% identifica el diseño como su área principal, pero combinan su formación con disciplinas variadas como administración pública, urbanismo, ciencias sociales, derecho e ingeniería. Identificamos cuatro recorridos para llegar al campo que convergen en una motivación común: la justicia social y el compromiso con lo público.
Lo que identifica a un proyecto de diseño público no es el nombre de la unidad que lo impulsa, sino la forma en que aborda problemas, formula desafíos, involucra a distintos actores, experimenta con alternativas y acompaña procesos de implementación.
- Ocurren desde y con el Estado. El 56,9% de los proyectos detallados es liderado por instituciones gubernamentales, y el 80,5% tiene conexión directa con un ministerio u oficina ejecutiva. El laboratorio de innovación es solo una de las formas que adopta esta práctica, no la que la define.
- Una práctica definida por la acción. La mayoría de los proyectos busca pilotear soluciones, implementar servicios o impulsar cambios organizacionales. El 82,6% reporta algún tipo de monitoreo posterior a la implementación, y el 64,2% mide el éxito con métricas institucionales propias.
Crear una nueva relación entre el Estado y la ciudadanía… construir un espacio para experimentar, comprender y co-diseñar nuevas soluciones
La consolidación del campo no elimina las tensiones del trabajo cotidiano: las hace más visibles. Los proyectos suelen nacer para mejorar un servicio concreto, pero existe la necesidad de instalar nuevas capacidades para continuar el trabajo una vez finalizada la intervención o proyecto. El desafío está en acompañar cambios organizacionales, facilitar nuevas formas de colaboración entre actores, fortalecer procesos participativos e instalar capacidades con miras a sobrevivir la intervención puntual.
Otro desafío surge a partir de la baja circulación del conocimiento. El 69,9% comparte su trabajo principalmente en redes internas o reportes institucionales, y apenas el 5,7% lo ha sistematizado en publicaciones académicas. Sumado al fuerte arraigo territorial presente, esto puede tener un alto costo: sin la circulación internacional que en otros campos hace viajar ideas, métodos y contactos casi por defecto, el intercambio entre practicantes de la región no ocurre de forma espontánea.
A pesar de trabajar en contextos y realidades institucionales distintas, los desafíos se repiten casi sin excepción de un país a otro. Los ciclos políticos, la rotación de autoridades, la reorganización de equipos y las restricciones presupuestarias forman parte del contexto habitual en el que opera el diseño público en América Latina. Esto plantea una pregunta más amplia sobre la sostenibilidad del campo y cómo se almacenan y comparten los aprendizajes.
Este mapa es menos un punto de llegada que un punto de partida: una invitación a construir deliberadamente un espacio regional de intercambio y memoria.
- Explora el mapa interactivo, con el conjunto de datos completo: personas, proyectos, temas y metodologías por país.
- Dos publicaciones académicas, próximas a publicarse, para quienes quieran ir más allá de la panorámica.
- Sigue las novedades de CBF LATAM, la edición latinoamericana del Creative Bureaucracy Festival que UNIT prepara para 2027 en Santiago, un espacio para seguir construyendo esta conversación regional.
